IOSHUA live Posadas Misiones

IOSHUA habla para CANAL ENCUENTRO Argentina

martes, 31 de enero de 2012

LA TORMENTA

Fabián era un pibe bonito con unos enormes ojos azules. Un gusano sin alma que se revolcaba entre los desperdicios de esta vida. Un puto mas paria que el yuyo de las zangas. Menos valioso que el barro y mas libre aun.
Desde los mismisimos caños inmundos donde se crío nunca detuvo su vertiginoso hado de existir hasta lo inevitable. Rápidamente acepto su condición de entregado a todo mal y lo tomo como un juego que siempre quería ganar.
Aprendió a golpes a ganarse sus monedas y dar todo en ese intento hasta que encontró en la prostitucion homosexual su pequeña mina de oro y ya nunca más descansó.
Lo suyo solo parecía entregarse a cualquiera por un poco de algo y cada pijazo que le entraba era una puñalada fatal y alevosa contra su poca esperanza.
Si al cabo Fabián solo se dejaba llenar el culo sin más destino que dejarse morir de tan solo que estaba.
La vida enferma a los hombres en su propia miseria y pocos pueden soportarlo lo suficiente hasta tener el coraje de volarse la cabeza de una buena maldita vez.

Su recorrido inconciente de cada día por los baños, los cines xxx y los bares de perdedores apenas parecía el circuito de un juego de niños.

Fabián no seducía a nadie, ni lo intentaba siquiera, sabia que no lo necesitaba… sus enormes ojos azules lo decían todo y ya, los condenados con ganas de coger que huelen el hedor de los aprontes sexuales entendían el mensaje secreto y querían tomar de ese misterio hecho carne en un muchacho condenado a este mundo con unos enormes ojos azules.

Que pena enorme el alma que no pueda ver claramente en si misma.

Fabián ya no esperaba nada de nada ni de nadie. Apenas seguía sobre sus pies para emborracharse un poco mas y para eso debía conseguir dinero… bueno, su belleza y su desden le garantizaban algunos billetes. En cuanto a hombres exigía poco y retribuía menos.

En este barrio la lluvia es más fría cuando estas solo y esta noche anuncian tormenta.

Cuando Fabián estaba mas necesitado que de costumbre tenia un amante al que recurría por algo de comida, cerveza y dinero. Ese era el gordo Raúl, un cerdo grotesco de lo peor. Un asqueroso personaje que vendía autos usados. Un puerco repugnante fascinado con Fabián. Y bueno… a veces uno debe aferrarce a cualquier cosa que no nos deje hundirnos totalmente… al menos no aun… no todavía.

El gordo Raúl habría querido quedarse para siempre con Fabián desde que lo conoció y lo invito la primera vez, pero Fabián solo quería comer algo y sacarle unos billetes y seguir su camino a la nada.

Fabián siempre llegaba sin avisar y desesperado. El gordo Raúl dejaba lo que estuviera haciendo y lo atendía rápidamente e incluso lo bañaba el mismo y luego cogian un buen rato.
El gordo Raúl había adelgazado unos kilos y estaba algo mas pálido pero eso a Fabián le daba tan poca importancia como siempre y cogia como ausente… sabia que estaba pagando con lo que tenia algunos favores del gordo Raúl. Que más da… Fabián ya sabia en su pequeño corazón que su dignidad tenia precio… pero no valor.
Complacer un rato a ese obeso pervertido era apenas un trámite fastidioso hasta conseguir los billetes. No importa… había hecho cosas peores en peores lugares y sin derramar una sola lagrima, no, eso jamás. Un hombre no lloraría sobre su propio destino por mas atroz que fuera… pero los hombres son inconformes y siempre exigen lo absoluto… mal hecho, eso solo precipita el corazón de los hombres a la tormenta.

El Gordo Raúl y Fabián luego de coger charlaron un poco tomando unas cervezas como de costumbre. Raúl estaba algo inquieto, tenía algunas cosas que decirle a Fabián y quería hacerlo. Hablaron un poco mas como siempre y Fabián ya tenia lo suyo así que ya no tenia porque soportarlo ni un minuto mas, termino su vaso de cerveza y se levanto para despedirse mientras se ponía su campera, pues hoy habían anunciado tormenta, y Raúl lo detuvo y le pidió que lo escuche un momento… Fabián no le dio importancia y solo quería irse ya. Raúl lo detuvo del brazo y le pidió casi con clemencia que lo escuche. Fabián le clavo sus enormes ojos azules en silencio y espero un instante. El gordo Raúl le dijo que le declararon un cáncer pulmonar irreversible, que por eso había adelgazado. Que se sentía desesperado. Que estaba muy solo entre sus autos usados. Con demasiado miedo de lo que vendrá inevitablemente. Que realmente necesitaba a alguien. Que estaba enamorado de el y quería quedarse con Fabián para siempre.

Fabián seguía con sus enormes ojos azules clavados sobre Raúl en silencio y sin parpadear. Lo escucho con atención y no le importo, solo dijo “no es mi problema. Arreglatelas por las tuyas. Tengo que irme, soltame el brazo”.

El gordo Raúl dudo pero dejo el brazo de Fabián y fue como soltar toda esperanza.

Quedaron allí ambos en medio de todo el silencio y la cara de fastidio de Fabián era clarísima. La cara del gordo Raúl era de desolación.

Fabián – dale, Raúl. Abrime la puerta. Me tengo que ir.
Raúl – si… claro… entiendo…
Fabián – bueno, dale che que me quiero ir ya.
Raúl – seguro… tendrás que ir a estafar a otros por ahí, no? O ir a emborracharte riéndote de mi, lo se. Ya estarás apurado por encontrar otro idiota hoy, no?
Fabián – no me aburras gordo, no vine para que me lloriquees ni para escuchar tus dramas. Dale abrime la puerta ya o se pudre.
Raúl – si… lo se… se pudre… cada día Fabián… se pudre y puedo olerlo.
Fabián – bueno bueno che ya no tengo paciencia, abrime la puerta y me voy a si lloras bien solito tus problemas.

Raúl lo miro y fue atravesarlo con los ojos.

Fabián – dale gordo, abrime la puerta te digo! Que me miras asi? Dale dale. Gordo pelotudo déjame ir. Que ganas de joderla que tenes! Dale che ya no es gracioso.

Raúl no se movía y su gesto se quebró.

Raúl – Fabián sos la peor mierda.
Y saco un revolver de atrás de su cintura y le voló la cabeza de un tiro.
Fabián apenas si pudo ver todo el movimiento antes de caer con un hueco en la frente a los pies del gordo Raúl.

Raúl volvió a la mesa y termino su vaso de cerveza y mirando a Fabián tirado allí sobre su charco de sangre, tomo el ultimo sorbo de birra y se voló los sesos.

Silencio absoluto en todo el depósito de autos usados. Los perros caminan inquietos entre los autos, será por el olor a sangre que solo ellos pueden notar. Empiezan a caer las primeras gotas sobre las chapas del depósito. Y si… para esta noche habían anunciado una tormenta.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

IOSHUA en SALIDA DE EMERGENCIA partes 1 y 2


sábado, 3 de diciembre de 2011

IOSHUA en SALIDA DE EMERGENCIA

DIVERSIDAD EN EL BARRIO from Mathieu Orcel on Vimeo.

martes, 22 de noviembre de 2011

IOSHUA entrevistado en LA TIENDITA DE ARTE radio

martes, 15 de noviembre de 2011

IOSHUA entrevistado en Posadas Misiones

domingo, 9 de octubre de 2011

IOSHUA entrevistado en Radio Nacional de Rosario (Santa Fe)

sábado, 8 de octubre de 2011

MALINCHO

Por alguna viciada razón El Malincho creía que siempre se saldría con la suya. Quizá sus inconciencias con las que avanzaba sobre la vida no eran más que la furiosa ceguera del hambre y la soledad. Si, como un animal, quizá.
Pero hasta los animales mas insignificantes tienen intacto el instinto de supervivencia… pero El Malincho no. El Malincho era un pibe de lo más hermoso en este condenado mundo. Su belleza brutal apenas desdibujada por su apariencia desdeñada. Un ardiente potrillo salvaje al que me habría montado cada instante para huir de este universo.
Pero quizá vendrían días que él no podría ni imaginar.

Su vida siempre en los rincones de la noche y metido en problemas y piyando carteras o asustando a cualquiera para robarle algo. Comiendo cuando podía, durmiendo donde podía y drogándose siempre. Nunca le conocí amores y él nunca me hablo de ellos, parecía que su furia encubría algo de casto y virginal, aunque a veces andaba por ahí con alguna chica fastidiosa que lo acompañaba y le decía cosas lindas y luego la desaparecía de su lado. Así también con algún secuaz… las pocas veces que lo vi con algún compañero de piyes no fue mas que una o dos veces, sigo creyendo que El Malincho era de esos animales solitarios que apenas cumplían con la molestia de vivir hasta que se morían nomás.

Yo lo quería mucho al Malincho.

El Malincho era un pibe de la calle bendecido con la más fogosa belleza de punta a punta. Un bandido encantador que trampeaba en las calles de Constitución.

Siempre encontraba alguna jugada para hacerse de unos pesos. Una vez estaba en un asqueroso bar de mala muerte tomándose una cerveza y ve unos 3 tipos allí en una de las mesas tomando lo suyo. Se miran, se acercan y empieza la aventura.
Los tipos querían cocaína, ya, urgente. Se los notaba algo alterados y por supuesto parecía que no eran de la ciudad. El Malincho claro se ofreció a conseguirles todo lo que quisieran, de la mejor, de las mas pura, a cambio de un poco y unos billetes. Que él sabia muy bien quien vendía allí en la zona. Los tipos parecían confiados y le dijeron que tenían el dinero en una habitación en una pensión allí cerca.
Terminaron las cervezas y así hacia allí fueron a buscar los billetes para la cocaína. Algo se sacudió más aun en el infierno.

La pensión donde paraban los tipos eran un montón de piezas roñosas que alquilaba un peruano que no preguntaba nada a nadie. Fueron todos juntos hasta la última habitación del pasillo. Abren la puerta y apenas entran, se quedan junto a la puerta abierta del lado de adentro. El Malincho parecía desesperarse ante la jugada que tenía planeada, les iba a agarrar la guita y se iba a borrar. Era perfecto. Pero estos tipos hablaban entre ellos y no sacaban la plata. Malincho se empieza a poner nervioso y apura el trámite. Los tipos preguntan “cuanto seria 600 pesos de merca? Queremos pura, nada de giladas, ok?” “600 pesos? Yyyy un montón asi, yo les consigo de la mejor ya van a ver. Es buena buena en serio.” Los tipos se miran entre si y empiezan a buscar en sus bolsillos.

Por alguna viciada razón El Malincho creía que siempre se saldría con la suya. Quizá sus inconciencias con las que avanzaba sobre la vida no eran más que la furiosa ceguera del hambre y la soledad. Si, como un animal, quizá.
Pero hasta los animales mas insignificantes tienen intacto el instinto de supervivencia… pero El Malincho no. El Malincho era un pibe de lo más hermoso en este condenado mundo. Su belleza brutal apenas desdibujada por su apariencia desdeñada. Un ardiente potrillo salvaje al que me habría montado cada instante para huir de este universo.
Pero quizá vendrían días que el no podría ni imaginar.

El Malincho hace su tonta jugada sin sentido y les apunta con un pequeño revolver que saca de atrás de la cintura de su pantalón y les exige “Denme toda la guita dale dale, dale o los quemo…” los tipos se quedan confundidos y se miran, y en un segundo sacan cada uno una pistola enorme y se la ponen cada uno en cada lado de la cien a la cabeza del Malincho. Algo se sacudió más aun en el infierno.
Lo empujaron para dentro de la pieza, El Malincho intenta huir pero lo agarran y le tapan la boca y lo tiran contra uno de los catres de la pieza. Cierran la puerta. Le meten un trapo en la boca y lo tienen forcejeando contra el catre.
“Que hacemos con este boludito?” pregunta uno. “Y lo cogemos, no? Esta lindo el idiota, no? Yo ando medio caliente y me viene genial. Agarrenlo fuerte que yo voy primero” y lo desnuda a los tirones. Le baja los pantalones hasta las rodillas y empezó a manosearle el agujero del culo. Malincho resoplaba y se estaba quedando sin aire. El tipo le metía un dedo con fuerza y le escupe el agujero y le apoya la pija durísima y empieza a empujar.
El Malincho casi no podía ver nada ya que tenia la cabeza hundida boca abajo.
El tipo entro hasta el fondo del Malincho. Varias veces y cada vez más rápido y violento hasta que le acabo adentro. Así mismo se prendió el otro tipo y cada cual a su turno los 3 tipos le entraron por el culo del Malincho hasta lo más hondo, caliente y herido del pibe.

Y los tres le acabaron adentro a El Malincho que solo quedo allí sollozando, agotado y apenas se movía. Casi muerto.

Los tipos se arreglan las ropas un poco, se hacen unos chistes cómplices, agarran una valija y uno de ellos se acerca al Malincho y le da unas palmadas en la cola y le dice: “Para que aprendas quien la tiene mas grande, pichón” y sin mas desaparecieron.

El Malincho quedo allí apenas con aire y algo de fuerza para levantarse pero estaba destruido. En la pieza solo había quedado el zumbido de algunas moscas. Intento incorporarse pero se cayó. Se quedo ahí desmayado un buen rato. Desnudo. Casi muerto. Entre el zumbido de algunas moscas.

Luego de eso El Malincho desapareció un tiempo del barrio y ya nadie lo volvió a ver merodeando por Constitución. Supe que se hizo cartonero y se había ido a vivir a un ranchito en una villa de Florencio Varela. Y quizá también por aquello que le paso con esos 3 tipos… quizá, no lo se, El Malincho empezó tímidamente a ir a los cines porno. Primero solo entraba a mirar y ver si se animaba a hacer algo y las primeras veces apenas se dejaba tocar un poco y huía de la situación. Pero quizá ese deseo que despertaron esos 3 tipos que lo violaron lo hacia volver a los cines porno e intentar una vez mas y luego ya se empezó a animar un poco mas y se dejaba chupar la pija y el también empezó a chuparlas. Y así hasta que se pasaba las madrugadas enteras y los días enteros revolcándose con otros tantos perdidos en los cines porno de 24 horas.
De día en las calles cartoneaba un poco y con los pesos que juntaba se compraba algo para comer, unas cervezas y lo demás, claro, era para entrar al cine porno.

Por alguna viciada razón El Malincho creía que siempre se saldría con la suya y talvez de alguna manera así fue. Quizá sus inconciencias con las que avanzaba sobre la vida no eran más que la furiosa ceguera del hambre y la soledad. Si, como un animal, quizá.
Pero hasta los animales mas insignificantes tienen intacto el instinto de supervivencia… pero El Malincho no. El Malincho era un pibe de lo más hermoso en este condenado mundo. Su belleza brutal apenas desdibujada por su apariencia desdeñada. Un ardiente potrillo salvaje al que me habría montado cada instante para huir de este universo.
Pero quizá vinieron días que el no podría ni haber imaginado.

Hoy nadie merodea las calles con tanto encanto. Su belleza se desvaneció como todo lo demás. Hoy El Malincho empuja su carro de basura con la sola necesidad de pagar su entrada al cine porno y mastica en su corazón la furia de que para él quizá vinieron días que no podría ni haber imaginado.
Pero no importa nada en este mundo.

Yo se que una vez cuando nos conocimos en medio de una borrachera nos besamos con El Malincho y fascinado por su tibieza supe claramente que entonces algo se sacudió más aun en el infierno.
Pero esta vida es una desgracia tenaz y quizá para ambos vinieron días que ni el ni yo podríamos ni haber imaginado… aunque supiéramos que algo se sacudió más aun en el infierno.